La lección de los dos papas

administration ancient antique architecture
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Muchas personas han visto estas Navidades la película sobre los dos papas que se emite a través de una conocida plataforma digital. Y, si no la han visto, con seguridad habrán tenido noticia sobre ella a través de la prensa o de las redes sociales.  

En las dos horas que dura el filme se relata un encuentro supuestamente basado en hechos reales entre el papa Benedicto XVI y el cardenal Bergoglio, poco tiempo antes de la dimisión del primero en el año 2013Pese a su aparente historicidad, se trata de un encuentro apócrifo presentado con cierto tono caricaturesco, cebándose sobre todo en la imagen de Benedicto XVI, que es dibujada con manifiesta inquina. Así como el cardenal argentino es visto con simpatíamostrando su habitual rostro cercano y afable, el pontífice alemán se asemeja más a un ególatra senil que al venerable y erudito teólogo que muchos hemos tenido la fortuna de leer. Valga como ejemplo una genial escena, hacia el minuto cuarenta y cinco del filme, en la que Benedicto XVI toca unas piezas de piano para su invitado mientras le comenta que en su juventud se planteó dedicarse a la música, algo que no obstante fue descartado pues, añade inmediatamente y no sin cierta sorna, “me temo que en el piano no soy infalible”. Paradójicamente, minutos después, mientras Bergoglio intenta tratar con el altivo papa asuntos más serios, el alemán lo ignora completamente y le pone en la televisión la que es, según confiesasu serie de televisión favorita, El comisario Rexun frívolo serial austríaco que tiene como protagonista a un pastor alemán que trabaja para la policía. Extraigan ustedes sus conclusiones. 

white building and people standing near water fountain
Photo by Kai Pilger on Pexels.com

En todo caso, se trata de ficción y la caricatura sin duda forma parte de la opción creativa del director y máximo responsable de la filmación, el brasileño Fernando Meirelles, y justo es respetarlo. A estas alturas no vamos a sorprendernos del tratamiento ofrecido a los dos personajes habida cuenta de la gran popularidad mediática de Francisco, de la que en ningún momento disfrutó su predecesor, cuyo pontificado siempre se mantuvo a la sombra del de san Juan Pablo II, siendo además constantemente atacado por numerosos sectores perjudicados en los tiempos en que el alemán capitaneaba la Congregación para la Doctrina de la Fe.  

Al margen de las caricaturas más o menos logradas, sí que es verdad que el filme presenta dos formas de ser o de vivir la Iglesia que hoy permanecen más vivas que nunca. Sin embargo, sería un error achacar esta división a la actual coyuntura, pues la dialéctica entre conservadores y progresistas, entre tradicionalistas y renovadoresla encontramos desde el inicio de la historia de la Iglesia, donde siempre ha existido esa tensión entre la renovación y el mantenimiento de lo esencial de la fecon independencia de saber en cada momento qué renovar y qué se considera esencial superfluo.  

Así pues, la película pretende ilustrar esa permanente tensión en su versión actualaprovechando la insólita convivencia de dos pontífices vivosPara ello incurre, como por otro lado suele ser inevitable en estos casos, en un reduccionismo simplón al atribuir a cada uno de los papas un arquetipo homogéneo que normalmente no se ajusta a la realidad. Por ejemplo, la etiqueta de progresista y moderno de Francisco choca a menudo con afirmaciones suyas que descolocan a los militantes de la facción más progresista, como cuando afirma, sin atisbo de duda, la existencia real del demonioalgo que muchos teólogos y sacerdotes niegan o sobre este asunto se limitan a afirmar que tal personaje es una especie de símbolo antropomórfico que se refiere a actitudes pecaminosas como el afán desmedido de riqueza o de poder. Pero que ninguno de los dos papas, por su trayectoria y por su personalidad, pueda ser etiquetado sin matices en uno u otro sector, no significa que estos sectores no existan y marquen muy de cerca la “agenda política” eclesial. 

photo of priest standing on cathedral
Photo by Marin Tulard on Pexels.com

Asumiendo también nosotros el riesgo de caricaturizar y simplificar, podríamos decir queen la Iglesia actual, estos dos sectores antagónicos presentan las siguientes características. El primero de ellos, el sector conservadorcentra su preocupación en la salvaguarda de la moral católica y de la institución social (que no divina) de la Iglesia, su rol en la sociedad y sus privilegiosLejos de manifestar grandes ambiciones pastorales, sus líderes aparentan estar más preocupados por la fiel aplicación del Código de Derecho Canónico que de la Bibliauna actitud que los lleva a reinterpretar lfigura del Jesús de Nazaret como un implacable fariseo, obstinado en que se cumplan todos y cada uno de los preceptos de la ley. Una visión de Jesús que, al menos a algunos, nos parece muy alejada de la que se relata en el Nuevo Testamento. 

Frente a estos nos encontramos con el sector activista de la Iglesia, comprometido en llevar la salvación económica y social todos los rincones del planeta, como si hubiesen olvidado que el Reino de Dios prometido por Jesús no está en este mundo. El problema añadido es que, al margen de lo que crean o no, su activismo los lleva a aliarse con otras fuerzas sociales afines en sus objetivos –que no en su fe–, obligándose a arrinconar a Dios y a lo sagrado, aunque sea para no ofender a aquellos que no creen. Al final, Jesucristo pasa a ser un referente, pero no un interviniente real en la historia y, con ello, Dios deja de ser necesario. 

Paradójicamente, el principal perjuicio de esta división no debemos buscarlo en los extremos, en aquello en que más difieren sendas posturas, sino en aquello que es coincidente en ambos casoshablan mucho de los problemas de los hombres y de la sociedad actual, pero se han olvidado de hablar de Dios.  

El cardenal guineano Robert Sarah, en su reciente libro-entrevista Se hace tarde y anochece, reflexiona sobre la actual crisis y se pregunta qué pide el pueblo de Dios a sus sacerdotes. Naturalmente, la respuesta no sé encuentra en el derecho canónico ni en la gestión de comedores sociales. Para esto ya están los servicios asistenciales del ayuntamiento o la consulta del psicoterapeuta de la esquina. Quien acude a un sacerdote es porque quiere conocer a Dios, pero con demasiada frecuencia lo que se encuentra es una respuesta desangelada, una homilía enlatada y fría. Posiblemente porque ese sacerdote ya ha olvidado la última vez que habló apasionadamente de Él. 

De la misma forma que muchos ministros parecen dejar de lado el que debería ser el principal asunto para la Iglesia hoy, al menos en Occidente: la llamada apostasía silenciosa, el abandono continuado de la fe de miles de bautizados, que pasan a vivir como si Dios no existiera y que, consecuentemente, dejan de ser transmisores de la fe a sus hijos, nietos y otras personas de su entorno.  

Es verdad que se habla muchoen diferentes foros y debates, de la necesidad de reevangelizar Occidente y de recuperar a esa gran masa de población heredera de los restos de la cristiandad. Sin embargo, la realidad acredita desde hace décadas que nada se consigue desde unas posiciones cada vez más ideologizadas y menos espiritualizadas. Como puede leerse entre líneas a través de esa caricatura de los dos papas, poca o nula credibilidad puede tener la Iglesia cuando la mayoría de sus ministros se preocupa más de los problemas del César que de hablar de Dios. 

 

Publicado en El Mundo/El dia de Baleares el 19 de enero de 2020

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